Me odio. Y no, no lo digo por mi cuerpo. Mi cuerpo tampoco me gusta, pero simplemente me odio. Odio mi persona. Odio cómo soy, odio mi forma de pensar, de andar, de hablar, de reír, de actuar. De reaccionar con odio y tristeza a todo lo que me pasa, bueno o malo. Odio que todo me salga mal, siempre. Odio tener ganas de llorar a todas horas. Odio intentar ser feliz y no poder porque en el fondo, una parte de mí sabe que no quiero.

(Source: paraguasdecolores)

Mi madre siempre me advirtió su enojo con su mirada; tiempo después, pude comprender que no todos pueden llegar a mirarte con enojo y amor a la vez.
Gisela I.G.M (via deshojando-margaritas)